Calcetines sucios

«Lo nuevo se entretejía con lo viejo, como el zurcido de un calcetín». «La Joven de la perla» (1999), Tracy Chevalier

Corriendo esta mañana iba pensando en alguna metáfora que mostrara cómo veo nuestra España, y nuestro mundo, en estos tiempos de extrema polarización. Una polarización política y social que no va a terminar, puesto que muchos actores están interesados en acentuar la fragmentación, dañando la cohesión social. «Calcetines sucios», es lo que se me ha pasado por la cabeza.

Tenemos calcetines viejos y sucios. Lo sabemos, aunque nos cuesta admitirlo. Nos parecen bonitos y cómodos. Y ante esa situación unos se empeñan en llevarlos por un lado, y otros darles la vuelta, convencidos cada uno que esa es la manera en la que van a oler menos.

– Los míos son viejos y están sucios, pero los tuyos mucho más, piensan unos y otros.

Pero nadie se lanza ni a lavar los calcetines ni a comprar unos nuevos. Como mucho aplican algún zurcido y ventilan. Lavar o comprar nuevos calcetines implicaría admitir que la situación era insostenible y dar el brazo a torcer.

– Tus calcetines huelen peor, insisten ambos.

El hecho, al margen de lo que cada uno quiera valorar, es que los calcetines son muy viejos. Que sirvieron en su tiempo, pero están llenos de agujeros, imposibles de seguir zurciendo. Pero es que además…apestan. Todos. Aunque los pongamos del revés.

Quizás esta sea en parte nuestra situación. Una cuestión de higiene. Una cuestión de higiene democrática.

En nuestros cajones, seguramente, siempre quedan 4 o 5 calcetines sin pareja. No se casan con nada. Dejamos de utilizarlos. Quizás esos calcetines «libres» e independientes pueden hacer que nuestra democracia sea más higiénica, incluso aunque el de cada pie difiera. Aunque uno sea algo más corto. Incluso si uno es más gris, y no tan negro o blanco. Al menos no apestarán tanto…al menos mientras se renueven y se laven.

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